“La superstición trae mala suerte”
Umberto Eco  (1932) Semiótico italiano.

“El supersticioso es al bribón lo que el esclavo es al tirano. El supersticioso se deja gobernar por el fanático y acaba por serlo también”
Voltaire (1694-1778) Escritor y filósofo francés.

En nuestra web sale más cuca la propaganda y se puede meter baza:
La superstición

Can Resolis. En el Carrer Tordera 28, en Plaça Raspall. Barrio de Gràcia

Viernes 26 de marzo  20.30 a 23. 10 euros, que incluyen:

a) 2 consumiciones a elegir entre café, té, vino, cerveza, refresco;
b) tapeo elegante: papas bravas, tortilla, croquetas, etcétera

c) la actividad, por supuesto

Sin duda se trata de un tema que nos ofrecerá una primera hora de café bastante entretenida. Todo el mundo tiene sus supersticiones particulares, a veces heredadas de una larga tradición popular, otras veces inventadas por un subconsciente paranoico. Recuerdo haber leído de una patología neurótica por la que el sujeto acaba creyendo que sus acciones tendrán efectos inesperados sobre la vida de amigos y conocidos lejanos. Es decir: si paso por este lado de la calle todo bien, pero si paso por el otro mi madre caerá enferma; o, si no me lavo las manos cinco veces antes de comer, pasará algo malo en el mundo. En realidad, todos hemos experimentado una sensación parecida cuando eramos pequeños: eso de no pisar las lineas de demarcación entre las piedras de la acera es análogo a las conductas típicas de esta patología.

A grandes rasgos, podríamos decir que las supersticiones esconden un calculo erróneo de la relación entre las causas y los efectos de nuestras acciones. Cuando establecemos una correlación entre los gatos negros o los espejos rotos y nuestras desgracias no nos estamos basando en ningún hecho empírico verificado. La astrología, como las demás “paraciencias”, se fundan en la indebida ampliación de unos pocos casos en los que la validez de sus previsiones ha sido confirmada.

Muchas supersticiones nos ahorran la molestia de averiguar si nuestros razonamientos son correctos. En algunos casos guían nuestra conducta sin demasiados efectos indeseados. Sin embargo, sabemos que en otros casos son el instrumento de la autoridad para mantener la ignorancia y el dominio. La existencia del infierno, la leyenda de santos que lloran cuando nos masturbamos, o la creencia de que todo nos irá bien si rezamos cierto número de avemarías, sólo son algunos ejemplos.

Dudas y preguntas:

lorenzomismamente@gmail.com (moderador)   615553407

raulmismamente@gmail.com (comisario)         651147461

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