Cupido y Venus


“El enamoramiento es una imbecilidad transitoria”

José Ortega y Gasset.(18831955). Filósofo español.

“Donde reina el amor, sobran las leyes. Es por eso por lo cual, el que de amor habla, poco amor siente”

El amor.
Can Resolis. En el Carrer Tordera 28, en Plaça Raspall. Barrio de Gràcia

Viernes 22 de mayo. 20.30 a 22.30. 10 euros, que incluyen:

a) 2 consumiciones a elegir: café, té, vino, cerveza, refresco;
b) tapeo elegante: papas bravas, tortilla, croquetas, etcétera
c) la actividad, por supuesto

Tras unas semanas cargando pilas, volvemos al ataque primaveral con un tema filosófico antológico que siempre nos había dado reparo tocar por lo complejo del asunto.

En primer lugar es preciso hacer una distinción inapelable. Spinoza en la línea de Platón, comenta que el amor es una alegría que viene por causa externa. Ambos barajan una idea del amor mas en sincronía al “ágape” o amistad serena.

Esto puede dar lugar a muchísima confusión, porque en el universo de Platón, Aristóteles o el mismo Spinoza todavía no habia irrumpido el amor ciego cortés romántico que parece denunciar Ortega y Gasset en la frase que encabeza este panfleto. Queremos decir con eso, que somos conscientes de lo ridículo que puede resultar el punto de vista de Platón o el mismo Spinoza.  Para nada el concepto amor que barajamos desde nuestro presente es mera alegría. Es, más bien al contrario, celos y posesión.

El enamorado romántico es capaz de empobrecer su vida mental, de reducir su campo perceptivo y motivacional hasta el extremo de concentrarse maniáticamente en un solo objeto, al punto de que todo lo demás pasa a un segundo plano o simplemente desaparece.

Así pues, el problema que nos encontramos es de envergadura: con la misma palabra se conciben dos maneras de ver la vida completamente opuestas. Una, la romántica, defensora del amor loco que olvida la razón y otra, la grecorromana, que asegura que solo mediante la virtud y la cordura se puede llegar al verdadero amor.

Esperemos pues que este viernes en el café, reine el amor y no sea preciso recurrir a las leyes de moderación y comisariado. Y, también deseamos, que no triunfe el amor cortés. Ya hemos perdido demasiados cafeteros que han encontrado el amor a raiz de nuestra actividad y la han abandonado en pos de dedicar los viernes por la tarde en ir al cine juntos a contemplar la última superproducción de hollywood.

Contactar con


lorenzomismamente@gmail.com
(moderador)   677361143

raulmismamente@gmail.com (comisario)         651147461

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Un comentario »

  1. Laura Jordán dice:

    El lenguaje, ese don que define al ser humano como tal, es una arma del doble filo.¿Las palabras nos ayudan a definir a definir la realidad o son el pincel con la que la dibujamos? Muchos conceptos son vasos vacíos de una realidad palpable cuyo contenido depende de quien los utiliza. El “amor” es una claro ejemplo de ello, como tantos otros tratados en estos “Cafés filosóficos”¿A que nos referimos cuando la utilizamos?

    Freud pareció responder a gran parte del asunto usando la palabra “libido” para designar la energía vinculada con el amor. La meta sería una unión sexual, es cierto, pero aclaraba con énfasis que existen importantes manifestaciones en las que no se realiza la unión sexual, como en el amor a uno mismo, la amistad, los sentimientos fraternales, el amor hacia la humanidad.
    Es evidente que podemos usar la palabra “Amor” para definir diferentes tipos de relación, pero si lo que nos ocupa es el amor enmarcado dentro de una relación de pareja creo que se debe diferenciar entre la pasión y el amor. La pasión es esa imbecibilidad transitoria capaz de empobrecer la vida mental, dada la cantidad de reacciones químicas a las que da lugar. Pero afortunadamente esas reacciones físicas tienen una fecha de caducidad temprana. O haciendo referencia a Melany Klein, se trata de una relación objetal parcial, en la que no se ve al sujeto objeto de la pasión en su totalidad. El amor, en cambio, es ese constructo que las corrientes románticas han definido como eterno e inmutable, donde la relación con el otro sería total y en una sintonía completa a todos los niveles. Según mi modesto punto de vista, este último se trata de una mera cuestión de fe, al igual que la fe religiosa. Una realidad dibujada bajo el poder del pincel de la literatura, y actualmente por esas superproducciónes de Hollywood. Tal como los creyentes van a misa con su Biblia bajo el brazo para mantener su fe religiosa viva, las parejas van al cine para ver en la gran pantalla una versión de aquello en lo que han decido creer agarrados de la mano de su propia “Biblia”.

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