Estaba en el bar de la universidad hace ya años,en el bar de letras, cuando mi amigo Raúl, planteaba en la mesa en la cual estabamos sentados un grupo de amigos, la idea de montar una consultoría filosófica juntamente con unos debates filosóficos orientados al gran público desconocedor de la tradición filosófica en los cuales cualquier persona pudiera plantear preguntas y
respuestas sobre diversos temas de interés filosófico. Como mi amigo siempre fue avispado, rápidamente la idea nos agradó, pero pensamos que simplemente quedaría en una de esas cosas brillantes que se te ocurren y después quedan en nada. Años después todos nos sorprendimos gratamente al ver que lo que se habló en aquella tarde diera un fruto tan espectacular, y se materializara de una forma tan rigurosa. Los cafés filosóficos estaban ya en marcha y tenían una gran aceptación, no solo caló en las personas que conocíamos al ideólogo, sino también en mucha gente desconocida que acudia aconsejada por alguien que había participado, por el boca a boca , o simplemente porque un día recibió un correo e-mail con el tema del café semanal.

Efectivamente, los cafés filosóficos han sido y son un punto de encuentro entre personas que disfrutan pensando y dialogando, los asistentes intercambian experiencias personales relacionadas con el tema, pensamientos profundos o teorias sobre lo que se plantea. También es cierto que no todos los cafés y los temas son impresionantes y espectaculares, algunos han sido muy memorables por el tema en cuestión y otros por los asistentes, pero de una o otra forma siempre vale la pena arriesgar aunque a simple vista el tema parezca que no tiene suficiente fuelle. Mi experiencia personal adquirida en los cafés ha sido notable, el primero al que fuí fue realmente impresionante aunque el tema del “aburrimiento” no pareciera a priori algo de lo que tanto se pudiese sacar. Ese día hice también un buen amigo, al cual desde entonces veo a menudo y con el que pasamos muy buenos ratos. La confianza que nos creo aquella dialéctica de dos horas , desembocó en un post-café y en una noche muy espectacular. La siguiente vez no fue tan genial, ya que era dificil de superar, y el tema de “la traición” nos mantuvo en stand by , quizá posiblemente por algún asistente un poco anárquico o por la espera de las tapas, pero no fue lo mismo. De lo que si que me arrepiento, es de no haber podido asistir a el café filosófico de “el tiempo”, ya que un par de días antes estaba repasando a Stephen Hawkins y me hubiese encantado relacionarlo con los presocráticos y Newton aportando también una visión literaria al más puro estilo Proust. Además se sabía que a ese encuentro asistia un ex-profesor de la UAB, catedrático en filosofía R.Gabás. Bueno quizás en la próxima…

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