Primera hora:

Para no empezar con un debate donde cada uno usa su propia jerga y se puedan producir molestias en el trato se empieza fomentando un cierto imaginario colectivo común. Para ello, cada cual, cuenta intuitivamente una historia relacionada con el tema en cuestión. Ya sea autobiográfica, cultural, etcétera. En esta primera hora no hay debate sino absorción y acumulación de ideas.

Segunda hora:

Comienza el debate propiamente dicho al estilo “59 segundos”. El objetivo es alcanzar una definición del tema tratado. Para ello siempre hay algún valiente que ya domina el mecanismo del café que se atreve a aventurar una definición. Los demás tratan de ofrecer enmiendas parciales o totales o incluso definiciones alternativas a la primera. Los ejemplos de la primera hora sirven como prueba del algodón para la definición. Los cafeteros agarran un ejemplo anterior y con él demuestran las fisuras de alguna definición que no lo incorpora. En esta segunda hora la labor del comisario y del moderador es vital. El moderador intenta que la gente no se tire de los pelos para hablar, respetando los turnos y el derecho a réplica, mientras que el comisario sugiere direcciones inesperadas cuando todos parecen estar de acuerdo o incluso cuando todos parecen estar en contra de todos. Al final, una definición será la ganadora.

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