Romeo Laguné

Mayo 15, 2002

Decia un tal Descartes que la filosofía es la que nos distingue de los salvajes y bárbaros, y que las naciones son tanto más civilizadas y cultas cuanto mejor filosofan sus hombres. Hoy en dia la gente considera una sociedad más evolucionada cuanto mayor es su capacidad de imponer su lenguaje y sus hábitos, en las sociedades civilizadas los individuos son capaces de definir y aprovechar con total precisión su telefono móvil o su ordenador, tienen la habilidad de convertir su lenguaje agresivo en una dulce melodia que desangra poco a poco las carteras de los consumidores adormecidos, tener la capacidad de gestionar el tiempo, obtener titulos académicos, entrar en un quirofano y salir 10 años mas joven, en ir a una fruteria y que todos los tomates tengan la misma forma color y tamaño, en conocer a mucha gente o viceversa que mucha gente te conozca ya sea por algo bueno o por algo malo, el terminar el fin de semana atiborrandose a comida y despues ahogarse en algun alcohol fino para asi poder desconectar aunque sea por un rato de la monótona realidad que nos presenta la vida moderna…pero nos hemos olvidado de algo fundamental, algo básico, esencial, el ejercitar nuestra capacidad de filosofar, el zambullirnos dentro de nuestra mente más allá de lo que es su funcion práctica, en coger todos los conceptos que en ella tenemos y ser capaces de mantener relaciones sexuales con ellos, acariciarlos, tocarlos, besarlos, pellizcarlos, olerlos, penetrarlos e incluso los mas lanzados ser capaces de compartirlos, y asi despues de vivir ese momento tan íntimo con ellos pasar a un nuevo escalón en la relacion con nuestras ideas y por supuesto con nosotros mismos.

Eso es un Cafe Filosófico, una orgía donde compartir las ideas que forman nuestros conceptos para asi intentar encontrar un punto en comun con los demas, y tal vez y solo tal vez descubrir una parte de nosotros que aun no conociamos. Eso se llama evolucionar y eso es a lo que Descartes hacia referencia, no nadamos en sabiduria sino que nos ahogamos en la ignorancia pero lo peor de todo es que no somos conscientes de esta ignorancia hasta que no empezamos a filosofar con nosotros mismos…

Borja Cabrero

Mayo 15, 2002

Catalogarme como cafetero asiduo sería exagerado, pero asiduamente justifico la excusa por la que no iré al café. Y si hago eso es porque cada semana me planteo asistir, vale la pena. Mis ganas nacen de mi primer café. Miento, del segundo. Al primero fui con la que era mi novia, el tema era “Erotismo y Pornografía”. Me aburrí bastante. La culpa fue de unos cuantos chicos que empezaron a hacerse pasar por erotómanos sensibles con la intención de interesar a la audiencia femenina. Yo, como buen adicto al youporn, me sentí ofendido por esa actitud tan poco masculina, pero me callé, acobardado o misericordioso, no lo sé. Esos chicos merecían ligar y yo no debía chafarles el intento, al fin y al cabo, como ya he dicho, por entonces tenía novia.
Muchos meses después fui a mi segundo, “El Aburrimiento”. Me lo pasé en grande. Lo del café es lo de menos. La clave fue que hice un amigo, amigo en serio, del tipo que te dejaría dinero (apuesto que hasta 375€) y juntos acabamos en una fiesta, y en esa fiesta charlamos con dos cafeteras con las que no habíamos cruzado apenas una palabra durante la sesión, más listas, más guapas e igual de decididas que nosotros. La noche fue tan increíble que desde entonces, como con todo buen recuerdo de la infancia, intento reproducirla. Sin suerte, hay que decirlo.

Ana (Uruguay)

Mayo 15, 2002

En una época donde el pensar es una actividad en desuso; con actividades como el Café Filósofico semanal, se promueven y potencian los valores del Amor al Saber. El diálogo, la capacidad crítica y analítica, el sentido del humor…¡Gracias a todos los cafeteros por mantener vivo el espíritu socrático! Y el dionisíaco también…

Pedro Galván

Mayo 15, 2002

Escuchar lo que la gente mediocre tengamos que decir entre nosotros es sumamente enriquecedor. En un mundo de perdedores y que flotamos por esta vida sin tener ni puta idea de lo que va pasando, me gusta sentarme y escuchar cafradas y locuras de gente como yo. Roza la inquietud el hecho que haya una serie de colgados que se junten durante unas dos horas para charlar (y que encima tengan que pagar!!) sobre sus momentos épicos aunque no les interese a nadie. Ni muchos de ellos se leen en los propios blogs que escriben. Mira que está de moda hacer blogs, pero no importa todos los que se hagan, lo que importa es quien te lee, y no nos lee casi nadie. Muchos se preguntan para qué tenemos que leer miserias del tío de al lado cuando las nuestras ya suficiente mierda son. Parece como si no quisiera ir al Café o no me gustará la iniciativa, pero la verdad es que la idea es cojonuda y es de las ideas más brillantes que he visto en Barcelona desde hace años donde los pijos del Borne nos avasallan.

Montse Jimenez

Mayo 12, 2002

Siempre había querido ir a un café filosófico (o asistir regularmente a algún grupo similar) para ver cómo es y que tipo de gente va, y si en realidad los temas eran interesantes, para luego tú reflexionar y sacarle cosas fructíferas para mantener la “mente activa”. Pero tengo el problema de que mi vida, sí que es excesivamente activa y siempre tengo cosas que hacer y he ido aplazando el ir por primera vez al café filosófico. Pero cuando fui, la verdad es que me gustó bastante. Y creo que aunque tenga cosas que hacer, intentaré siempre buscarme un hueco para poder ir (aunque no pueda ser regularmente, que es tal y como me gustaría). Si soy sincera, me gustó porque estoy un pelín harta y aburrida de mi vida social. No es que tenga poca vida social, al contrario, siempre estoy rodeada de gente, en la universidad, en el trabajo y en mis pocas horas de ocio, que es cuando salgo con mis amigas. Pero eso no me llena. Digo que no me llena porque en la universidad te encuentras con gente que sólo piensan en borracheras, ligar y acabar la uni para trabajar (¿ estudiar para trabajar? Lerdos!). Y si les intentas mantener una conversación sobre algo en común de la carrera que nos pueda interesar, normalmente, me he dado cuenta que la gente pasa bastante y te corta para decirte “bueno, vamos al bar?” o “bien, bien, muy bien lo que dices, pero…” y ahí…pumba!! Te cortan la conversación y te hablan de gilipolleces que a nadie le interesan (al menos a mí). Pero así son muchísima gente de la uni, eh! Y no solamente en mi carrera, sino en varias! Sólo piensan en ligar, el día a día, etc. y eso al final para mí es una carga y me aburren. Pero en cambio, hay otros de la universidad que si les planteas alguna conversación, van de listos y empiezan a hablar demasiado “robóticamente”, de cosas que han leído y que ni siquiera entienden, solo por hacerse los listos, y eso también carga. Y todo esto también lo encuentro en el trabajo. Y con mis amigas…pues…qué va a ser, lo mismo, pero todo acotadito en el plano de ligar con chicos. Ver todo ese percal me pone de mala ostia, y lo siento decir así, pero es verdad.

Así pues, en el café filosófico, me puedo “evadir” o no juntarme con ese tipo de gente que solamente piensa en su vida “presente” y que no piensan más allá y si lo hacen, que no me vayan de listos sin saber qué es lo que dicen. Pero bueno, esto de ir de listos, te lo puedes encontrar en todos los sitios, inclusive en el café filosófico. Por eso creo que la calidad de asistir a un café filosófico, depende del tipo de gente que vaya. Porque si hablan sobre un tema e intuyes que no hay bagaje alguno, acabas por aburrirte y por ponerte de los nervios. Pero por mi experiencia allí, creo que de momento no he visto nada así. Igual tendría que ir más veces para captar a la gente.

Lo importante de ir, yo creo que es, en no intentar hablar por hablar por participar, sino quedarte con cada conversación, con cada frase que diga cada persona y si es interesante, claro, lo que haya dicho x persona, pensar por qué ha dicho tal cosa y con qué intencionalidad, creo que es interesante quedarse con las cosas más sutiles e inapreciables de cada persona. A veces, no es tan importante el tema que se trate, pues si se sabe tratar bien, y si se sabe captar a la gente, puede ser un “ejercicio mental”, en el que luego sales de allí, como “renovado”, al escapar de la gente que antes acabo de mencionar que me encuentro en mi día a día.

Así pues, dejo de escribir tanto, y diré para concluir, que lo que más valoro de haber asistido al café filosófico es poder ejercitar mi mente y analizar luego las cosas, con cada palabra y/o frase que suelte cada persona, para posteriormente poder “aprender” un poco más, pues creo que cada experiencia que tienes, cada contacto social, cada conversación que escuches, etc. es como si leyeras un libro, pues los libros, no sólo están para creérselos al pie de la letra como si fueran dogmas, sino ser crítico y pensar sobre ello y relacionarlo con otras cosas, para poder ampliar tu perspectiva, y no tener una cosmovisión limitadita, en la que muchos creo, que estamos involucrados.

Moncho Fernández

Mayo 12, 2002

Soy documentalista. Acudí a un café filosófico sobre la soledad como parte de la documentación para un proyecto. La experiencia resultó muy útil, pues de ella surgieron diferentes puntos de vista en torno al tema que nos ayudaron a enfocar la historia. Fue mucho más gratificante enfrascarse en apasionadas discusiones, plagadas de experiencias personales, que acudir a las manidas enciclopedias y páginas de internet

Elena Figoli

Mayo 12, 2002

Pensando en el Cafe Filosófico me sale la nostalgia de Barcelona y de mi misma.
Despues de muchas veces que Raul me mandó el correo fui a ver como era. Me acuerdo que llegué con mucha ansiedad pero al final me gusto mucho! Pienso que es una idea original para quedar y hablar de distintos temas.

Cristina Mendez

Mayo 12, 2002

Es interesante conocer las curiosas deducciones de individuos desconocidos sobre distintos conceptos y de repente formar parte hablando de ellos, dejé de ir a los cafés de Raúl y Lorenzo porque canvié de ciudad, ahora he sustituido el Café filosófico por una mujer de aire distraído y razonamientos surreales, habitualmente nos invade la necesidad común de resolver cuestiones filosóficas en variopintos lugares berlineses sobre situaciones o actitudes concretas.

Rebeca Ribera

Mayo 12, 2002

Al enterarme de esta actividad me pareció una idea absolutamente genial, era la primera vez que veía cómo habían hecho de la filosofía una actividad lucrativa y económica útil (estoy pensando también en las sesiones de la consultoría MismaMente). Después de haber asistido a unos cuantos cafés, lo veo como una actividad reconfortante que cae al mismo tiempo en una esquizofrenia grupal muy particular (en sentido positivo, obviamente) porque casi todo el mundo quiere hablar creyendo que es él/ella quien tiene la razón absoluta en ese momento, con lo cual es muy divertido escuchar las contraréplicas sobretodo si la lógica aplastante de otro te derrumba los esquemas en un momento. A mí me encanta hablar (menos mal, porque soy logopeda), pero decidí que últimamente solo iría al café los días que realmente me guste el tema de debate (que no sé por qué lo llaman café cuando quieren decir tapeo), ya que cuando no me gusta observé que me quedo callada y no participo mucho, y yo soy de la opinión de que si acudes hay que participar (sinó me frustro). Además, sinó entramos en una especie de oligarquía. Moderador y comisario en cada sesión se ven obligados a recordar que hay turnos para hablar que ellos asignan. Esto que se entiende como que 2 y 2 son 4, a veces es inevitable saltárselo a la torera, es un reflejo aprendido de la locución el hecho replicar cuando la respuesta que te dan no se refiere a los matices que tu has proporcionado, así que cuesta mucho desactivar durante esas dos horas este automatismo que tan arraigado tenemos. En resumen, el café filosófico me encanta como idea para pasar un rato agradable, sin perder el tiempo, que te hace ganar agilidad en la dialéctica, en las relaciones sociales, profundizar en los planteamientos y reflexiones así como descubrir otros puntos de vista del tema a tratar pero bajo mi punto de vista el triunfo del café radica en los temas… por eso puntualmente Raúl ha acudido a mí en busca de ayuda para encontrar un tema y por eso el primer coche filosófico lo creé yo al plantear un tema que triunfó entre los pasajeros del vehículo: el morbo.

F. Javier Lomas

Mayo 12, 2002

Estaba en el bar de la universidad hace ya años,en el bar de letras, cuando mi amigo Raúl, planteaba en la mesa en la cual estabamos sentados un grupo de amigos, la idea de montar una consultoría filosófica juntamente con unos debates filosóficos orientados al gran público desconocedor de la tradición filosófica en los cuales cualquier persona pudiera plantear preguntas y
respuestas sobre diversos temas de interés filosófico. Como mi amigo siempre fue avispado, rápidamente la idea nos agradó, pero pensamos que simplemente quedaría en una de esas cosas brillantes que se te ocurren y después quedan en nada. Años después todos nos sorprendimos gratamente al ver que lo que se habló en aquella tarde diera un fruto tan espectacular, y se materializara de una forma tan rigurosa. Los cafés filosóficos estaban ya en marcha y tenían una gran aceptación, no solo caló en las personas que conocíamos al ideólogo, sino también en mucha gente desconocida que acudia aconsejada por alguien que había participado, por el boca a boca , o simplemente porque un día recibió un correo e-mail con el tema del café semanal.

Efectivamente, los cafés filosóficos han sido y son un punto de encuentro entre personas que disfrutan pensando y dialogando, los asistentes intercambian experiencias personales relacionadas con el tema, pensamientos profundos o teorias sobre lo que se plantea. También es cierto que no todos los cafés y los temas son impresionantes y espectaculares, algunos han sido muy memorables por el tema en cuestión y otros por los asistentes, pero de una o otra forma siempre vale la pena arriesgar aunque a simple vista el tema parezca que no tiene suficiente fuelle. Mi experiencia personal adquirida en los cafés ha sido notable, el primero al que fuí fue realmente impresionante aunque el tema del “aburrimiento” no pareciera a priori algo de lo que tanto se pudiese sacar. Ese día hice también un buen amigo, al cual desde entonces veo a menudo y con el que pasamos muy buenos ratos. La confianza que nos creo aquella dialéctica de dos horas , desembocó en un post-café y en una noche muy espectacular. La siguiente vez no fue tan genial, ya que era dificil de superar, y el tema de “la traición” nos mantuvo en stand by , quizá posiblemente por algún asistente un poco anárquico o por la espera de las tapas, pero no fue lo mismo. De lo que si que me arrepiento, es de no haber podido asistir a el café filosófico de “el tiempo”, ya que un par de días antes estaba repasando a Stephen Hawkins y me hubiese encantado relacionarlo con los presocráticos y Newton aportando también una visión literaria al más puro estilo Proust. Además se sabía que a ese encuentro asistia un ex-profesor de la UAB, catedrático en filosofía R.Gabás. Bueno quizás en la próxima…